Conocé la bodega mendocina que ganó el oro en arquitectura de los Best of Wine Tourism

Anaia presenta una arquitectura inigualable que converge en armonía con la naturaleza. Su construcción se mimetiza a la perfección con la imponente Cordillera de Los Andes, cuyos picos se asoman detrás del edificio y se lucen en todo su esplendor. Se ubica en Agrelo, Luján de Cuyo, en una de las regiones más prestigiosas y cuna de grandes vinos icónicos de la vitivinicultura Argentina.

En este lugar reina la camaradería, el buen trato y el ambiente familiar. Sus tres pilares fundamentales son el respeto por el medio ambiente, la tecnología e innovación.

Arquitectónicamente, cuenta con su bodega, dos lagunas de riego que rodean el lugar y un lodge de seis habitaciones en suite. Este último se construyó con la idea de convertirse en un business lodge, ideal para realizar eventos empresariales y sociales. De hecho, este año se utilizará por primera vez para bodas.

La bodega Anaia presenta un estilo lineal, conocido como lay-out simple, pero con una impronta brutalista, la cual se caracteriza por la utilización de materiales puros tales como piedras o concreto. En su concepción romántica, la construcción simula el nacimiento de Los Andes y los movimientos tectónicos que la formaron.

Se puede observar en el concreto utilizado pigmentos naturales en la escala de grises, blanquecinos, marrones, rosados, ocres y naranja. Estos colores están muy presentes en la geografía mendocina y para lograrlos se utilizaron pigmentos molidos. De esta forma, el edificio se amalgama perfectamente con su entorno.

Además, cuenta con un sector destinado para el enoturismo en el cual los visitantes pueden vivir la experiencia de armonización de vinos con una imponente vista de la cordillera.

Novedosas técnicas, únicas en Latinoamérica

Por otro lado, la bodega reúne recursos arquitectónicos que se utilizan en zonas desérticas o montañosas. El concepto fundamental que se tiene en cuenta es la orientación Sur-Norte. El edificio tiene túneles de ventilación cuyos portones se abren en momentos específicos para que ingrese el viento frío proveniente del sector sur y de esta forma lograr la refrigeración perfecta. Este mecanismo se emplea para lograr una temperatura interior de 16°C, ideal para la realización de los vinos.

Las lagunas se construyeron para almacenar el agua de riego. La tierra que se quitó para construirlas está puesta en los taludes que esconden la bodega en dos puntos críticos de control de temperatura. En el comienzo, donde se recibe la uva, y al final, donde se guardan las botellas terminadas antes de su salida al mercado.

A raíz de estos innovadores métodos de construcción, obtuvo el premio Best Of Wines en la categoría de Excelencia en Arquitectura y Paisajes. Este galardón posicionó a Anaia a nivel mundial, lo cual generó un aumento exponencial de turistas que se acercan al lugar, llegando a un promedio de 1.000 visitantes por mes.

Proceso de elaboración de vinos

En los viñedos de Anaia hay 10 estaciones de monitoreo, que brindan información sobre el suelo, el ambiente y la vid. A través de estos dispositivos se mide la temperatura, humedad, cantidad y calidad de vientos, riego y conductividad. También se observan parámetros químicos como fosforo, potasio, magnesio, calcio, es decir, todos los componentes que se encuentran en el suelo y que son absorbidos por la planta.

Todos estos datos son enviados a la computadora central de la bodega y de esta forma los enólogos pueden monitorear las 24 horas del día los viñedos. Este sistema empleado es único en Latinoamérica.

En el interior de la bodega se pueden observan tanques de acero inoxidable pero lo que más llama la atención son los mates de concreto. Estas estructuras, únicas en el mundo, fueron ideadas por el presidente y co-fundador de Anaia, Osvaldo del Campo.

Los mates son ánforas de 9.600 litros para fermentación y crianza que poseen un mecanismo basculante que permite mantener en forma selectiva el contacto de los sólidos con los líquidos evitando remontajes y trasiegos, utilizando bombas.

La utilización del roble se realiza a través de microvinificaciones y/o crianza en barricas de roble francés de 500 lts. y cubas de roble francés de 4500 lts. con el objetivo de moderar su intervención en el proceso enológico.

La característica de los vinos de Anaia es que, al ser fermentados en concreto, tienen un potencial de guarda más alto. Cabe destacar que la energía que se utiliza en todo el proceso es obtenida por paneles solares, de modo que el proyecto es en gran parte sustentable.

Las barricas, al igual que los mates, tienen un código QR que al ser escaneado muestra de dónde se cosechó la uva, qué día, los análisis químicos realizados, entre otros datos.

Producción boutique

La bodega produce 250mil botellas anuales que se comercializan en vinotecas de Mendoza, Argentina, Brasil y Estados Unidos. Los vinos que conforman la línea Anaia son: Sauvignon Blanc; Viognier; Malbec; Cabernet Sauvignon; Cabernet Franc; Malbec Cabernet Sauvignon Cofermentado; Malbec Rosé; Tinto de Agrelo.

Por su parte, Gran Malbec, Gran Cabernet Sauvignon y Grand Assemblage conforman la línea Gran Anaia. El paso por roble francés se hace presente en la crianza de estos grandes vinos.

Las etiquetas de todos estos productos son diseñadas en gran medida por Patricia Serizola, CEO y co-fundadora de Anaia. Las mismas están inspiradas en la arquitectura del edificio y es por esto que predominan elegantes formas geométricas triangulares.

En definitiva, Anaia es un gran proyecto familiar con un importante respeto por la naturaleza que se plasma no solo en su arquitectura sino también en todos los procesos empleados para la producción de sus vinos. Sin duda, un lugar que vale la pena visitar y recorrer.

Para conocer más sobre Anaia ingresá a https://anaiawines.com/