La construcción, cuyos orígenes se remontan a fines de 1800, forma parte del patrimonio arquitectónico e histórico del departamento. Su estética conserva rasgos de la tradición hispana, incorporando detalles coloniales que testimonian distintas etapas de la historia local. Desde 1917, cuando abrió sus puertas como restaurante, el espacio se vinculó a una costumbre profundamente arraigada en Mendoza: la reunión alrededor de la mesa como expresión de encuentro y hospitalidad.
Entre galerías, jardines y viñedos, generaciones de familias encontraron aquí un lugar para compartir la gastronomía regional y disfrutar de un paisaje marcado por el trabajo de la tierra. Esa relación entre cocina, territorio y tradición continúa definiendo la identidad del espacio, que mantiene vivo el legado de una época en la que las casas de campo constituían puntos de encuentro para la comunidad.
Rodeada de reconocidas bodegas e integrada a los recorridos internacionales del vino, la casona forma parte de un paisaje cultural donde la historia, la arquitectura y la producción vitivinícola convergen para expresar una de las identidades más características de Mendoza.
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