Transformación urbana y memoria viva (1964 → hoy)
El Centro Cívico cambió el paisaje; los olivos siguieron en pie.
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Con la construcción del Centro Cívico de Mendoza, el antiguo predio de la Quinta Agronómica vivió una de las transformaciones urbanas más profundas de su historia. Desde mediados del siglo XX, el área que había albergado por más de setenta años la enseñanza agraria se fue adaptando a nuevos usos públicos y administrativos. El proceso comenzó a definirse entre las décadas de 1940 y 1950, y tomó impulso durante la gestión del gobernador Blas Brisoli (1949–1952), cuando se proyectó convertir este espacio verde en el corazón institucional de la provincia.
A partir de 1964, las obras para consolidar el Centro Cívico modificaron definitivamente el paisaje histórico. Se abrieron nuevas calles —como Peltier, Pedro Molina (tramo sur) y La Pampa, junto con el correspondiente puente sobre la primera— y se demolieron antiguos edificios de la Quinta, entre ellos el Laboratorio Central, que había sido sede de la primera fábrica de aceite de oliva inaugurada en 1942.
De los 144 olivos plantados en 1904 por el Ing. Agr. Domingo Lino Simois, solo 18 ejemplares sobrevivieron a la transformación urbana. Estos árboles centenarios se convirtieron en testigos silenciosos de más de un siglo de historia, preservando en sus troncos la memoria de la ciencia, la docencia y el trabajo rural que dieron origen a la olivicultura mendocina.
Desde 2022, el Aceite de Oliva Virgen Extra con Indicación Geográfica (IG) Mendoza reconoce oficialmente el valor y la calidad de la producción olivícola de la provincia. La Resolución Nacional N.º 31/22, resultado de un trabajo interinstitucional de cuatro años, fue impulsada por ASOLMEN (Asociación Olivícola de Mendoza), con la asistencia técnica del IDR (Instituto de Desarrollo Rural) , la Facultad de Ciencias Agrarias (UNCuyo), el INTA, el INTI, el Panel de Cata de la UNCuyo, la Obra Don Bosco y el Gobierno de Mendoza.
El aceite mendocino certificado es un blend que debe incluir entre 20% y 50% de la variedad Arauco, conocida como la “Criolla”, variedad nacional por excelencia. Se distingue por su acidez inferior al 0,6%, su alto contenido de ácido oleico y polifenoles (más de 100 ppm) y un índice de peróxidos menor a 12. Su perfil sensorial es frutado intenso, con notas amargas y picantes de intensidad media-alta, y una textura densa característica.
En 2024, 30 marcas pertenecientes a 23 almazaras mendocinas certificaron su origen bajo la Indicación Geográfica. Cada botella lleva una etiqueta numerada de seguridad que garantiza la autenticidad del producto y su trazabilidad desde el cultivo hasta el fraccionamiento.
Hoy, ese legado renace
En el corazón del Centro Cívico, los olivos vuelven a trazar un puente sereno entre pasado y futuro. El retoño del histórico olivo de San Martín, donado por la Municipalidad de General San Martín, se enraíza en el Paseo de los Olivos y enlaza, en un mismo gesto, a los árboles centenarios del predio, al programa Mendoza Oliva Bien, a la Enoteca y a la Plaza del Olivo Histórico. Así, los olivos que resistieron el paso del tiempo se integran a una nueva historia: la de una Mendoza que protege su memoria viva y celebra, con orgullo, su identidad olivícola.
A este entramado simbólico se suma la donación de la familia Cicero, realizada en el marco del Día Internacional del Olivo: un olivo centenario proveniente de la reserva del Parque de los Inmigrantes, en Coquimbito, Maipú, donde se conservan árboles que superan los 200 años. Este ejemplar pertenece a la primera finca adquirida en 1960 por Rolando Cicero, inmigrante siciliano llegado a Mendoza en 1948, cuya vocación agrícola continuó su hijo Emilio y hoy sostiene la tercera generación familiar.
La presencia de este olivo en el Parque Cívico reconoce el aporte de los inmigrantes al crecimiento productivo y social de la provincia, y al mismo tiempo integra al espacio público un árbol representativo de la historia olivícola mendocina. Símbolo de arraigo y permanencia, se incorpora como patrimonio natural y cultural asociado al desarrollo agrícola local, invitando a la comunidad a reconocer en sus raíces la diversidad de orígenes que dio forma a nuestra identidad.
Los olivos donados por el INTA EEA Junín completan esta trama de gestos compartidos. Su incorporación refuerza el valor patrimonial y agronómico del Paseo de los Olivos y reafirma el compromiso con la preservación de una tradición que acompañó, por más de un siglo, el desarrollo agrícola de Mendoza. Como todo ser vivo, estos árboles tienen un ciclo natural y una vida finita; por eso, cada nuevo ejemplar adquiere un significado profundo: asegurar que la memoria olivícola no se detenga, que pueda renovarse generación tras generación.
Así, entre los troncos antiguos y los retoños jóvenes, el Paseo de los Olivos se convierte en un lugar donde la historia se sigue escribiendo. Allí, mendocinos y visitantes encuentran un paisaje que honra la herencia sanmartiniana, el trabajo de las familias productoras, la dedicación de la ciencia y la fuerza de los inmigrantes. Un paisaje donde el olivo, con su resiliencia y su fruto, continúa contando la historia de nuestra tierra.