De la Vitivinicultura al gran olivar (1890–1938)
La escuela cambia y llegan los olivos.
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self-guided tour
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Después del cierre de la primera Escuela Nacional de Agricultura en 1889, la Quinta Agronómica tuvo varios años de incertidumbre. Sin embargo, en 1897 recuperó su espíritu original con la inauguración de la Escuela Nacional de Vitivinicultura, una nueva etapa en la enseñanza agraria argentina. La ceremonia se realizó el 3 de agosto de 1897, con la presencia del gobernador Francisco J. Moyano, profesores fundadores, autoridades nacionales, padres y alumnos.
El primer director fue el Ingeniero Agrónomo Domingo Lino Simois, figura clave en la historia de la vitivinicultura y del olivar mendocino. Bajo su dirección (1897–1909), la escuela formó varias generaciones de profesionales enólogos, entre ellos nombres destacados como Pacífico Tittarelli, Luis Filippini, Luis Pincolini e Isaac Fichman, protagonistas del crecimiento de la industria madre de Mendoza.
En ese contexto de renovación y progreso, Simois impulsó un proyecto visionario: crear un gran olivar experimental en los terrenos de la Quinta. El primer registro del plan aparece en agosto de 1903, cuando Simois solicitó al Ministerio de Agricultura la compra de 100 olivos de distintas variedades —50 de Liguria, 25 de Sevillana y 25 de Manzanilla—, destinados originalmente al Gobierno provincial para su plantación en el Parque del Oeste (actual Parque General San Martín).
Sin embargo, el proyecto mayor llegaría en 1904, cuando Simois dirigió una carta al Dr. Pedro N. Arata, Director de la División de Enseñanza Agrícola, solicitando autorización para realizar una plantación de olivos injertados “de clases especiales para aceite y mesa” en una porción del terreno de la Quinta que no podía destinarse a viñas debido a su desnivel. La compra se encargó al viverista Domingo Basso, de Buenos Aires, habitual proveedor del establecimiento.
El 22 de junio de 1904 llegaron las 140 plantas de olivo, y tras días de preparación del terreno —que incluyó el trabajo de diez peones, el desmontado del área y el aporte de dieciséis carretas de estiércol cedidas por el municipio—, el 3 de julio de 1904 se concretó la gran plantación.
Los árboles se distribuyeron en dos sectores del predio: la mayor parte, en una franja de poco más de una hectárea al norte de la Calle de las Casuarinas II, extendiéndose hasta la actual calle Pedro Molina; y un segundo grupo, en una hilera junto al muro noroeste, donde hoy se ubica Vialidad Nacional.
Durante décadas, este olivar histórico sirvió como campo de enseñanza, espacio de experimentación y fuente de producción para la elaboración de conservas y venta al público. A lo largo del tiempo, sus árboles se integraron al paisaje cotidiano de la ciudad, acompañando la evolución del lugar hasta su transformación en el actual Centro Cívico.
De aquellos 144 olivos plantados en 1904, sobreviven 18 ejemplares, que hoy son testimonio vivo del encuentro entre la educación agrícola, la vitivinicultura y el origen de la olivicultura mendocina. Este paseo recupera su legado: caminar entre ellos es volver al momento en que la ciencia, la tierra y el trabajo dieron raíz a una historia que aún perdura.